La escuela de vela Izivunguvungu crea perspectivas para jóvenes sudafricanos de barrios marginales. Tres de ellos han dado el salto al equipo Shosholoza.
Desde pequeño, Marcello Burricks sabía que no podía esperar muchas oportunidades en la vida. El régimen del apartheid sudafricano desplazó a sus padres a “Slangkop”, un gueto de Ciudad del Cabo, donde se vieron obligados a vivir con sus cuatros hijos en una chabola. La pobreza y la violencia formaban parte el día a día; cuando Burrick tenía ocho años, un compañero le atacó con un cuchillo. Varias cicatrices en su torso atestiguan hoy aquel suceso. Con 14 años lo detuvieron por dar una paliza a un profesor, y pronto pasó a formar parte de una banda, convirtiéndose en un delincuente. “No había ninguna alternativa”, dice el joven de 21 años. “No había otra manera de sobrevivir en el gueto”.
La única posibilidad para el joven sudafricano era salir del gueto. Y lo logró, con ayuda de un héroe deportivo nacional. El regatista olímpico Ian Ainslie introdujo a Burricks en la Izivunguvungu MSC Foundation for Youth, fundada por él en 2001 – una escuela para niños y jóvenes negros de los guetos. Desde entonces tomó clases de vela profesional y aprendió navegación y construcción de buques.
Burricks trabajó duro, y tuvo éxito. Logró saltar al equipo Shosholoza, la primera tripulación africana que compite en la America´s Cup. Su principal patrocinador, T-Systems, la apoya económicamente y con todo el equipo de alta tecnología. El profesor de Burricks, Ian Ainslie, es el estratega del equipo en la regata, que este año se decide en la costa de Valencia. “Desde que llegó a nuestra escuela, fue un gran entusiasta”, dice Ainslie de su pupilo. “Teníamos que ir a sacarlo del barco para que hiciese los deberes del colegio”.
Junto a Burricks navegan Golden Mgedeza y Solomon Dipeere, dos alumnos más de la escuela Izivunguvungu en el equipo Shosholoza. Ainslie los conocía desde el año 1996, ya que tras las Olimpiadas de Atlanta trabajó de profesor en un instituto de Ciudad del Cabo, donde los dos jóvenes - en aquel entonces de 15 años - tenían una beca. Ainslie les enseñó a navegar: ese fue el inicio del proyecto Izivunguvungu.
Los tres regatistas han logrado que el equipo Shosholoza tenga fama internacional. El equipo Shosholoza, que había iniciado su andadura en una posición muy débil, logró sus primeras victorias en las regatas previas a la America´s Cup y en una de las regatas finales celebradas en Sicilia el pasado octubre, quedó en el puesto número cinco de entre doce participantes. En el propio equipo no solo se sorprenden del éxito. “La vela ha cambiado completamente mi vida”, dice Marcello Burricks. “No acabo de creérmelo”.